En 1892 abre sus puertas el Café Madrid como confitería y tienda con un pequeño salón, aunque en poco tiempo se ampliaría como café ocupando el local colindante y el piso superior.

   Las tertulias de escritores, periodistas y personas de relevancia de Málaga eran comunes. Era cita obligada para actores y público pasar por aquí al término de las funciones de teatro.

   El Café Madrid abría las 24 horas y no cerraba nunca: Pasaban todos los turnos de fábricas y periódicos de alrededor.

  En la Guerra Civil los edificios de la otra acera de Calderería cayeron en un bombardeo, y lo único que se vio dañado del edificio del Café Madrid fue una esquina de la barandilla de la última planta y que sigue en las mismas condiciones como recuerdo anecdótico

   Hoy en día es unos de los símbolos de Málaga por su antigüedad, servicio y la calidad que ofrece.